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  • De cueva en cueva

Ana María Romero Yebra. Una vida entre la escuela y la poesía.

21
mar '20

Presentación de la poeta y maestra que ejerce este año de pregonera -virtual, por fuerza- en las celebraciones del IV Día Mundial de la Poesía en Guadalajara impulsado y coordinado por el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil. Un texto que escribe uno de los integrantes de la asociación, José Antonio Camacho. 

 Romero Yebra, en una imagen del Diario de Almería. 


Por José Antonio Camacho Espinosa,

del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de Guadalajara

 

Esta poeta-maestra (¿o habría que decir maestra-poeta?), madrileña de pura cepa, nació en el otoño de 1945, cuando España arrastraba todavía los fríos del duro invierno de la Guerra Civil y aún le quedaban años para empezar a vivir la primavera de la democracia.

Pero su vida familiar allá, cerca de la plaza de Cascorro, le proporcionó un rincón con una semilla que al cabo de los años daría frutos extraordinarios. “Sin saber leer fue una gran aficionada a los cuentos. Salía de casa con una peseta hasta la esquina. Allí compraba cuentos de la Ediorial Losada que luego su madre le leía en cualquier rincón de casa”.

Al hablar de su infancia, nos cuenta: Desde pequeña fui buena lectora y en casa nunca me negaron el dinero para libros. Pronto tuve una mini biblioteca… Amar la lectura es fundamental para ser escritora. La verdad es que siempre me atrajo todo lo relacionado con el lenguaje y la escritura. Nunca me gustaron las matemáticas, la física o la química.”

Pero ese ambiente familiar hizo también que, desde muy joven, se enamorase de los pinceles y el óleo. A los 16 años participó en su primera exposición colectiva. Después presentó alguna individual en As Pontes (A Coruña) y el Andorra (Teruel) y participó en algunas más colectivas. Nos cuenta que solo pintaba durante los veranos, porque su trabajo de maestra no le dejaba tiempo durante el resto del curso.

Con su gracia y su sonrisa habitual nos dice: “De pequeña nunca soñé con ser trapecista, ni pilotar aviones, ni competir por el título de Mis España. Menos mal, porque tengo vértigo y un montón de kilos de más. Me gustó desde niña la enseñanza porque admiraba a muchos de mis profesores. También me encantaba pintar, leer, escribir poesías y cuentos, los animales, las flores, el campo, el mar, la música, el cine, el teatro… de lo que sigo disfrutando.”

Y es que, a pesar de que la situación socioeconómica de esas décadas no era la más propicia para el desarrollo de la mujer en España, estudió Bachillerato, Francés y Magisterio, que terminó en 1965. Al año siguiente aprobó las oposiciones y empezó a ejercer su vocación de maestra en Toledo, pues los pueblos que quedaban en la provincia de Madrid eran todos de sierra y mal comunicados, así que en el curso 66-67 ejercí en Toledo con la ilusión de mi primer trabajo, en el Colegio Santiago de la Fuente. Al acabar el curso me casé, con 22 añitos, y me fui a vivir a Quereño (Orense) donde mi marido tenía su trabajo.

Después de los años vividos en Galicia y en Andorra (Teruel), en 1981 recaló en Almería, donde se encontró con una de sus pasiones, el mar: “Cuando destinaron a mi marido a Carboneras, pensar que iba a ver el mar todos los días me hizo la persona más feliz del mundo.”

La llegada a Almería hizo resurgir su pasión por las artes y, entre 1982 y 1985, estudió cerámica en la Escuela de Artes Plásticas y Diseño. Presentó varias exposiciones con sus trabajos y llegué, incluso, a impartir cursos de cerámica a los niños en el colegio, en un taller por las tardes. Y me encantaba. Pero la literatura pudo más.”

Como ella misma nos confiesa, al filo de los 40 años, la vena creativa tomó el camino de las letras. Hasta entonces, apenas si había escrito y no había publicado nada. “Escribir era mucho más cómodo para mí. Un papel y un bolígrafo eran suficientes, sin la parafernalia de tener el caballete plantado en una habitación, el olor de los óleos y el aguarrás, o la arcilla y los esmaltes repartidos por toda la casa.”

Fue entonces cuando publicó su primer libro para adultos: Isla de Brétema, prologado por su amigo Arturo Medina. Un libro que presentó en la biblioteca de Almería y que describe como todo un acontecimiento, donde fue agasajada por amigos, familiares y alumnos y que según sus propias palabras sería un inolvidable exitazo.

Esta vena poética se encontraba larvada desde su juventud pues nos asegura que contó con excelentes profesores de Lengua y Literatura, tanto en Bachillerato como en Magisterio: “Especialmente, tuve el impulso de Aturo Mediana. Más tarde, al empezar a publicar, los consejos de escritores amigos a los que admiro como Carlos Murciano y Alfredo Gómez Cerdá.”

Después de aquel primer éxito vendrían: Entero para mí, Cantos de arcillaHorario de la honduraEl llanto de Penélope o Mirando escaparates. Con este último obtuvo el Premio José Antonio Ochaita, de la Diputación Provincial de Guadalajara, en 1994.

Fueron la última década del siglo XX y la primera del XXI los años más fructíferos en todos los ámbitos profesionales y creativos, compaginando la enseñanza y la poesía con una intensa vida social, cursos, conferencias, congresos, colaboraciones en prensa, radio y TV, incluso con la presidencia del Ateneo almeriense.

Cuando se refería a esa vida de intenso trabajo, manifestaba en un diario de Almería: “Yo he tenido en mi vida dos vocaciones: la de escritora y la de maestra. Tengo que confesar que, si hubiera tenido que elegir entre las dos, me hubiera quedado con la de maestra… El contacto con los niños ha sido una de las cosas más importantes de mi vida.”

Y al hablar de su pasión literaria, dice “Fundamentalmente, soy poeta. Es donde me siento más realizada y más segura… Hay que escribir más poesía para niños porque les gusta mucho y es necesaria para educar su sensibilidad. Quizás por eso, además de poesía, escribo muchos cuentos en verso para los más pequeños.” “La poesía es la expresión mas honda del ser humano y los versos tienen su función liberadora.”

Después de haber publicado varios libros para adultos, en 1989 apareció en las librerías su primer libro para niños: Hormiguita negra. Un punto de partida que ni ella misma podía imaginar pues, después de aquel, vendrían decenas y decenas de obras para los pequeños. Porque, si bien su fuente de inspiración es la propia vida, “empezando naturalmente por los sentimientos y aquello que inspira amor, ternura, sosiego…”, “fue en el contexto del colegio y de las clases donde me fueron surgiendo los primeros poemas, pensando en mis alumnos.”

Cuando se refiere a su trabajo como escritora, dice que “es de las cosas más tontas y más ruinosas del mundo. Hay que vender muchos libros y que sean caros para poder vivir de los derechos de autor… Sueño con ser escritora y no tener que hacer otra cosa”. Pero, a pesar de ello, dice que escribir poesía y acercarla a los demás es una verdadera necesidad. “Por eso soy inmensamente feliz cuando uno de mis libros aparece, porque acercar mis versos a niños y mayores es a lo único que aspiro. Quiero que cada poema tenga su propio pálpito en el corazón de otras personas.” La poesía ha tenido siempre para mí una elevación, un toque sublime que no encuentro en la prosa. Y aunque no sirva para nada, como dicen algunos, las cosas bellas de la vida tienen el valor del goce que nos proporcionan”.

Junto a esas ocho decenas de libros para niños, el elenco de esta incansable trabajadora está formado por doce títulos dirigidos a los adultos. Y sus poemas aparecen incluidos en numerosas antologías.

En el año 2002 le encargaron la redacción del pregón para el Día de la Biblioteca. En él escribía, entre otras cosas: “La lectura es algo mágico… Porque un libro es el único lugar donde las cosas suceden por alguna razón, donde tienen sentido, y porque no hay nada mejor que disfrutar esas horas escapadas de los relojes, en las que todo es posible entre sus páginas… Una biblioteca nos hace vivir miles de vidas, viajar por miles de países y sobre todo gozar miles de horas.”

Cuando le preguntamos por su labor como maestra a lo largo de casi 40 años, abre su corazón y expresa sus sentimientos más íntimos: “No creo que haya que educar a los niños de una determinada manera. El niño debe expresarse libremente. Lo que hay que hacer es convivir con él y quererle, ayudarle a desenvolverse… Lo ideal sería una escuela donde el niño pudiera expresarse en libertad y donde el maestro fuera únicamente un orientador… Creo que el sistema educativo coarta la libertad del niño y del maestro. Habría que reformarlo dese abajo, empezando por la educación infantil…”

Ahora bien, la pasión, el entusiasmo y las ganas de trabajar no se quedaron solo en la escuela y en su mesa de trabajo, de donde han salido cientos de poemas. Al poco tiempo de llegar a Almería creó, en colaboración con otros maestros y maestras la asociación ALIN (amigos del Libro Infantil). Éramos un grupo de maestros entusiastas que, en 1984 organizamos el 1º salón del libro Infantil en la Diputación Provincial. Un salón que se prolongó hasta 2013.

Y sin saber de dónde sacaba tiempo que no fuese de las horas de sueño, entre 1995 y 1999 fue también la presidenta del Ateneo de Almería. “Efectivamente. Fui la primera mujer presidenta de un ateneo desde que se crearon en España en el siglo XIX. (También fui la primera mujer rey mago en la cabalgata de Reyes de Almería en 1991) Iba entonces de pionera por la vida”. “El Ateneo me dio muchas satisfacciones porque lo revitalicé totalmente. Pero fueron unos años duros, porque solo vivía para el colegio, la escritura y el Ateneo.”

Aunque confiesa también, con cierta tristeza y nostalgia que, después de que lo dejasen las personas más entusiastas -Ana María entre ellas-, tanto la asociación Amigos del Libro Infantil como el Salón del Libro Infantil desaparecieron. Y, al referirse al Ateneo, manifiesta: Cuando lo dejé, mi labor se fue al traste al poco tiempo. Lleva más de 15 años cerrado. A penas si paso por la calle donde se ubica. Me da una pena infinita volver a ver el edificio cerrado a cal y canto y sentir que la lucha de tantos años no ha servido para nada.

Esta trabajadora infatigable, que dejó la escuela hace 15 años, después de casi 40 entre niños y niñas, nos confiesa: Desde que me jubilé reconozco que escribo mucho menos. He descubierto el placer de vaguear. En fin, que a veces me tengo que obligar a terminar relatos o poemas que llevo entre manos, porque no me preocupa cuándo voy a acabarlos. Escribo menos, trabajo poco, pero vivo más. Sigo en contacto con los niños y me encanta que me llamen de colegios y bibliotecas para tener encuentros con ellos.


FUENTES DE INFORMACIÓN

  • ROMERO YEBRA, Ana María. En persona. Revista Lazarillo. 19??
  • CAREAGA, Pilar. Lo espontáneo hecho poesía. Revista Lazarillo. 19??
  • MARTÍNEZ, D. Romero Yebra presente su libro de poemas “Versos en la mochila”. La Voz de Almería, 5 de mayo de 19??
  • S. VILLANUEVA, Antonia. Galería de Mujeres: Ana María Romero. La palabra más hermosa. La Voz de Almería, 5 de junio de 1988.
  • MARTÍN, Fina. Ana María Romero Yebra: Los príncipes azules tenían unos ojos preciosos y un morro terrible. La Voz de Almería, 2 de abril de 1995.
  • REVILLA, María Victoria. Ana María Romero Yebra: Limitaría el número de personas que puede ir a la playa. La Voz de Almería, 11 de julio de 1999.
  • GRANADOS, Francisco. Ana María Romero Yebra. Escritora. Carboneras. Ideal, 5 de febrero de 2000.
  • ROMERO YEBRA, Ana María. Pregón Día de la Biblioteca 2002.
  • OCHOA FUERTES, M. del Camino. Entrevista a Ana María Romero Yebra. Revista de literatura Infantil y Juvenil Charín. 2013.
  • Entrevista con Ana María Romero Yebra a través de correo electrónico. 10/11 de marzo de 2020.
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