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En
el Palacio del Infantado de Guadalajara, se celebra una fiesta singular
que tiene dos características: la primera es su carácter
cultural; la segunda, que es eminentemente participativa, pues se produce
gracias a la colaboración de una buena parte de los ciudadanos.
Pero lo que le da personalidad a esta fiesta,
que tiene lugar en el tercer fin de semana del mes de junio, es que
toda ella gira en torno a algo tan etéreo como la palabra: los
miles de palabras pronunciadas y escuchadas a lo largo de todo un fin
de semana, desde un viernes a las cinco de la tarde hasta el domingo
siguiente a las tres del mediodía. Durante todo ese tiempo cientos
de personas permanecen narrando y escuchando cuentos sin parar, sin
dormir, comiendo rápidamente para seguir contando y escuchando.
Así se celebra el Maratón de los Cuentos de la ciudad
de Guadalajara.
El
Maratón se compone de las siguientes actividades: una sesión
de narración oral de cuarenta y seis horas, un maratón de
fotografía (todos los que narran son fotografiados por la Agrupación
Fotográfica de Guadalajara), un Maratón de radio (todos
los cuentos se retransmiten a través de Radio Arrebato, emisora
gestionada por estudiantes), un maratón de ilustración,
en el que se van dibujando muchas de las historias que se cuentan, un
maratón de música, varias conferencias a cargo de especialistas
en literatura oral, talleres relacionados con la animación a la
lectura, exposiciones (en las que no faltan las fotografías e ilustraciones
del Maratón anterior), la Chimenea de los Cuentos (espacio interior
en el que cuentan los que no se atreven a hacerlo en el escenario principal),
espectáculos de calle, sesiones de narración en hospitales
y residencias de la ciudad, mini-maratones en más de veinte localidades
de la provincia y un Festival de Narración Oral Profesional.
En cada Maratón se cuentan alrededor de
seiscientos cuentos. Esa cifra no se corresponde exactamente con los narradores,
pues muchas historias son contadas por colectivos ciudadanos: corales,
asociaciones, clubes de lectura, aulas enteras…; por ello, los narradores
suelen pasar de mil.
Hay otras formas de participar: la más activa
es la de los voluntarios que colaboran en tareas organizativas (unas doscientas
personas), pero no resulta menos importante la de los oyentes -o “escuchadores”,
como nos gusta decir en Guadalajara- cuya cifra es difícil de calcular,
pero puede establecerse en torno a los treinta mil. Muchos de ellos son
vecinos de la ciudad, pero otros muchos son visitantes, algunos de ellos
procedentes de lugares alejados, incluso del extranjero.
En
su financiación contribuyen el Ayuntamiento de Guadalajara y los
de los pueblos en los que se celebran mini-maratones, la Diputación
de la provincia, el Gobierno regional y el Estado a través del
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. En 2001 hubo una quinta
fuente de recursos: la Unión Europea, que completaba la nómina
de instituciones susceptibles de colaborar.
El
Maratón tiene una única regla, y es que los cuentos han
de ser narrados, no se pueden leer. Gracias a ella, se puede decir que
todos los guadajareños se han convertido en extraordinarios cuentistas.
Y, si la ciudad tiene muy buenos narradores, no hace falta decir que en
ella se encuentran los mejores oyentes del mundo. No hay más que
acercarse al Palacio del Infantado cualquiera de las dos noches a eso
de la medianoche –momento en el que puede haber mil quinientas personas
escuchando en perfecto silencio- para comprobarlo.
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