Elogio y defensa de la biblioteca pública, por Carlo Frabetti
Llevo muchos años celebrando encuentros --tanto con niños como con adultos-- en bibliotecas públicas de todo el Estado español, y solo tengo palabras de elogio y gratitud para estas admirables instituciones y para las personas (mujeres en su mayoría) que, con más entusiasmo que medios, las mantienen vivas y vigorosamente activas.
No quiero, de ninguna manera, cobrar derechos de autor por los préstamos de mis libros efectuados en las bibliotecas (ni, dicho sea de paso, por las fotocopias; hay una forma muy sencilla de evitar que se fotocopie libros: que sean más baratos que las fotocopias). Creo que, en todo caso, tendría que ser yo quien pagara a las bibliotecas por cuidar de mis libros, promocionarlos y hacerlos accesibles cuando en las librerías tienen que quitarlos de enmedio en cuestión de días para hacer sitio a las mil novedades semanales vomitadas por una industria editorial hipertrofiada y sin apenas más criterios que los despiadadamente comerciales.
Si la Administración quiere apoyar a los autores que son leídos en las bibliotecas públicas, que los premie con bonificaciones sacadas del presupuesto militar (cuanta más gente lea, menos guerras habrá) o de los seis millones de euros que se lleva anualmente la Casa Real (cuanta más gente lea, menos gastaremos en fastos cortesanos y bodas principescas). Y las grandes editoriales, en vez de conceder premios amañados a escritores envilecidos, que repartan ese dinero entre los autores leídos en las bibliotecas, premiados día a día por el más inapelable de los jurados.
No permitamos que los depredadores neoliberales irrumpan en el delicado ecosistema de las bibliotecas públicas, patrimonio cultural y moral de la humanidad.