¡¡LA AVARICIA ROMPE EL SACO¡¡
¡No me lo puedo creer¡ Me dicen que hay una norma europea de 1992 que recoge que los autores pueden prohibir el préstamo de sus obras por las bibliotecas públicas si éstas no pagan un "canon" por ello. Nunca me hubiera imaginado que pudiera existir una cosa tan disparatada como la de "matar a la gallina de los huevos de oro" poniendo trabas al fomento de la lectura, recortando el presupuesto de las bibliotecas públicas para comprar libros entre otras cosas, ni tan injusta, porque es casi imposible hacer un reparto equitativo por manos privadas (léase CEDRO, por ejemplo) de un pastel hecho con fondos públicos: ¿quién se va a llevar la parte más suculenta y a quienes no les van a llegar ni las migajas?
Siempre he pensado que los autores editan sus obras para que sean leídas por cuantas más personas mejor. Y ello por dos grandes motivos en especial:
- Porque la creación de cualquier obra es un trabajo complejo y laborioso, y una vez que el autor se decide a hacerla pública y tiene la suerte de que se la editen, es para que alcance la mayor difusión posible, y para que con el tiempo forme parte del patrimonio de la humanidad, poniéndola a disposición de las personas a través de las Bibliotecas Públicas, guardianas y transmisoras de la memoria de los autores y sus obras.
- Porque los autores que escriben con la esperanza de ser leídos, están convencidos de que los libros son importantísimos en la vida de las personas, haciéndolas gozar y ayudándolas a comprender su condición humana.
Como lectora asidua de una biblioteca pública, esta norma me ha llenado de estupor e indignación. ¡Pero si el préstamo de libros es todo lo contrario a un negocio¡, es un servicio público destinado a satisfacer el derecho que tiene todo ciudadano a tener a su disposición los medios para desarrollarse y cultivarse, pagando de antemano y solidariamente los impuestos que le correspondan.
Como participante de diversos Clubes de Lectura en la Biblioteca Pública de Guadalajara desde hace ya más de veinte años, durante los cuales he estado sin exagerar con más de cuatrocientos lectores, he observado que cuando hemos leído un libro que nos ha gustado, lo hemos comprado para tenerlo en nuestra casa, o para hacer un regalo, y, además, a través del boca a boca, se lo hemos recomendado a cualquiera cuando se ha presentado la ocasión. Es decir, que el autor leído, la edición escogida y la librería utilizada, se han beneficiado de los libros adquiridos, primero con la compra de ejemplares por parte de la Biblioteca, y segundo con la de los usuarios de la misma. ¿Creéis que esto hubiera sucedido así sin la labor socio-lectora que hacen las Bibliotecas Públicas? Mi respuesta por experiencia es que no, que los que no leen no compran libros, y mucho menos los regalan o recomiendan, y que cuantas más bibliotecas haya y más socios tengan, más libros se compran. Y no digamos cuando la Biblioteca nos trae al autor del libro leído, entonces las compras de sus obras se disparan.
Así pues, los usuarios solicitamos desde aquí y a quién corresponda, más bibliotecas públicas en los barrios y mejor dotadas, para que se multipliquen los lectores, y ¿no es eso lo que deberían pedir los autores, editores y libreros?. Porque ¿qué sería de ellos si los lectores fuesen a la baja con medidas como las que nos ocupa?
¿Qué autor, en su sano juicio, va a prohibir que se presten sus obras, es decir, que no se lean sus libros, cuando éstos ya han sido editados y comprados por las bibliotecas? Porque yo me pregunto, cuando un libro se compra, ¿no se pagan ya los derechos de los autores en el precio estipulado?
Si a los autores no se les paga lo suficiente, propongo a los editores con beneficios que sean más generosos en el margen económico que contratan con los creadores al editarles sus obras y que a la hora de las tiradas sean transparentes en su cuantía, en lugar de gravar el préstamo de las bibliotecas. Éstas, como ya ha quedado expuesto, hacen un gran trabajo a las editoriales, que cualquier empresa querría para sí: multiplicar su clientela.
Hace tiempo leí un artículo de Antonio Muñoz Molina titulado "Buscando un regalo", era para un chico de catorce años, naturalmente trataba de regalar un libro que a él le impactó en su adolescencia, David Copperfield, y se lamentaba de no encontrarlo en español en ninguna librería. Pues estoy segura de que el único sitio donde seguro lo hubiera encontrado, habría sido en una Biblioteca Pública, claro está, que hubiese tenido en su día presupuesto para comprarlo. Por ello, no se debe implantar otro obstáculo para que las bibliotecas puedan adquirir libros, sino todo lo contrario. También es un regalo para un adolescente lector que un adulto interesado en los libros, le indique el sitio donde podría encontrar una obra interesante para leer. Nos gusta imitar a quienes admiramos, sobre todo cuando teníamos catorce años.
Y por último, me gustaría hacer llegar a esos autores, editores y libreros interesados en la puesta en marcha de esta desafortunada medida contra la lectura en las Bibliotecas Públicas, que yo como lectora NO LES VOY A COMPRAR NINGUN LIBRO, y que con el boca a boca al lema de "Libro comprado, precio cerrado", les voy a hacer la contrapublicidad que pueda, por tener unas miras tan estrechas e interesadas. Que no se les olvide: ¡¡ La avaricia rompe el saco¡¡
Carmeli Alba. Usuaria de la Biblioteca Pública de Guadalajara. /Febrero de 2004.