ECONOMÍA versus CULTURA
Nadie, y mucho menos los bibliotecarios y bibliotecarias, duda que la lectura sea una de las actividades que más exacerba la imaginación, enriquece la fantasía, rescata del olvido la memoria y desarrolla la inteligencia. Y como tal es uno de los elementos fundamentales del derecho de todos los ciudadanos a la cultura y al desarrollo de sus facultades mentales y emocionales.
Al anteponer a estos elementos una concepción mercantilista de la lectura y en consecuencia de los derechos de los ciudadanos, de la sociedad y de la vida exigiendo el pago de derechos de autor por cada préstamo en bibliotecas, la UE deja a un lado el progreso y la cultura. O considera que no hay más cultura que el beneficio. O tal vez desconoce las cifras oficiales sobre lectores y recursos de que disponen las bibliotecas españolas en relación con las bibliotecas de los países de la Unión.
Recordemos que en las bibliotecas públicas de la UE los libros por habitante eran 2'10 en 1998, frente a 1 en España en el año 2000; que según estadísticas correspondientes a los mismos años, los préstamos por habitante en la UE eran de 4,93 frente al 0,77 de España y que el gasto anual en bibliotecas públicas por habitante era en la UE de 13,35 frente al 3,64 de España.
Un último indicador nos dice que en 1996 se adquiría un libro para las bibliotecas públicas danesas por cada dos habitantes y en Finlandia un libro por cada tres ciudadanos. Mientras que en España en ese año se compraba un libro para bibliotecas públicas por cada veinte personas. Tal vez la situación ha mejorado en nuestro país, pero también lo habrá hecho en los demás.
En cuanto a los autores, la inmensa mayoría está contra el pago por préstamo porque considera que, habiendo ya cobrado el derecho de autor correspondiente al libro que está en la biblioteca en el momento que se produjo la compra, el trabajo de promoción y difusión de sus libros que hacen las bibliotecas cubre con creces cualquier derecho de autor añadido que se quiera imponer. Pretender, además, cobrar un derecho por cada lectura es un abuso que nos confirma que el único aspecto de la cultura que parece interesar es el económico.
¿Por qué la Unión Europea que tanto se preocupa del cobro de derechos de autor de unos libros que ya han pagado por ello, no se dedica en primer lugar a exigir a España que dedique más recursos a las bibliotecas? ¿Por qué si no podemos compararnos con los demás países ni en lectores ni en la adquisición de libros para las bibliotecas, se exige a España el pago de derechos de autor como si nuestro país fuera tan desarrollado culturalmente como los países del norte de Europa? ¿No es misión de la UE velar por que los gobiernos de los países menos adelantados de la UE, como España, aumenten los escuálidos medios y recursos que aportan al funcionamiento de las bibliotecas, en lugar de exigirles un pago que, bien lo sabe la UE, el gobierno lo deducirá de esos magros recursos?
Y los ciudadanos que nunca protestamos, esta vez no lo hacemos con la contundencia que una acción de este tipo exige tal vez porque nos hemos creído que tenemos el mismo nivel cultural y económico que los países del norte e incluso que Alemania, Inglaterra o Francia, y que por lo tanto bien está que se nos trate del mismo modo. Pero no es así. Nos queda mucho camino por andar y si es cierto que necesitamos reglamentos y normas para ir acercándonos a ellos, no lo es que al gobierno español no se le exija más que el cumplimiento de los objetivos económicos que parecen ser los únicos que le importan y que no sólo son prioritarios para las jerarquías neoliberales, sino lo que es mucho peor, también para la Unión Europea que, a mi modo de ver y vistos sus anhelos crematísticos, debería volver a llamarse "Comunidad Económica Europea", lo que realmente es y lo único que pretende ser.
Rosa Regàs
www.rosaregas.net